Viernes, 25 Julio 2014 23:20

Y tú, ¿qué haces con tus mariposas?

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Seguro que todos hemos oído hablar del llamado Efecto Mariposa que hace referencia a que, dadas unas condiciones iniciales en un sistema, la más mínima variación en ellas puede provocar que el sistema evolucione en formas completamente diferentes.

 Algo parecido ocurriría en la vida de las personas: un pequeño cambio en las condiciones que influyen en ellas, pueden desembocar en un gran cambio.

En este efecto está basada la teoría ecológica de Bronfenbrenner que, además de señalar varios contextos en los que se encuentra inmersa la persona, asegura que un pequeño gesto en alguno de ellos puede desembocar en un efecto mayor en la vida de un individuo.

Estos contextos serían cuatro, estructurados en función de la cercanía, que influyen en la vida de las personas y con los que interactuaría de manera más o menos directa: 

  • Microsistema, que sería el nivel más cercano al individuo y contiene las personas con las que interactúa directamente, como la familia, amigos, vecinos.
  • Mesosistema, que incluiría las relaciones que mantienen los microsistemas entre sí y que influyen en la persona, como la relación familia y escuela, en el caso de los niños.

  • Exosistema, que abarca ambientes más amplios en los que el individuo no está necesariamente activo, pero cuya influencia se ejerce sobre él y es el objeto de este artículo.

  • Macrosistema, compuesto por la cultura y los valores de la sociedad en que se encuentra. 

Un ejemplo claro de exosistema es el trabajo de los progenitores en el caso de los hijos e hijas. Los niños no participan activamente de la vida laboral de sus padres y madres y, sin embargo, sienten las consecuencias. En este caso, el aleteo de las alas de la mariposa se produce en la oficina y las consecuencias pueden sentirse en el salón de casa.

Lógicamente, el trabajo influye en el sistema familiar desde el momento en que el mismo individuo adulto participa de ambas esferas de su vida. Sin embargo no es tan claro, al menos a priori, el efecto que pueden tener las organizaciones en el bienestar de los menores influyendo en ellos a de diferentes formas.

Por un lado, quizás pragmático, está el horario laboral que, en ocasiones, no es compatible con el horario escolar y, por supuesto, con las vacaciones de verano. En estos casos, la carga ya no sólo recae sobre los padres, sino que los propios menores sienten que si ellos tardan en vestirse por las mañanas, la consecuencia no es que lleguen tarde al cole, sino que su papá no va a llegar a tiempo a trabajar. De ahí que la decisión que se toma en la oficina acerca de la flexibilidad o no en los horarios, repercuta directamente en el bienestar de los niños.

Por otra parte, otra de las vías de influencia, mediada por el adulto, estaría relacionada con la actitud y la sensación de bienestar que el trabajador tiene en la empresa. Un trabajador feliz rinde en la organización, y ese sentimiento también llega hasta casa, dinamizando las relaciones con los miembros de la familia. En este mismo sentido, si la persona está contenta con su trabajo, lanzará mensajes relacionados con su autoeficacia y la consecución de metas y objetivos profesionales, sirviendo de modelo a los más pequeños que, en el futuro, también serán trabajadores. De este modo, podrán aprender que el trabajo no sólo va unido a la recompensa económica, sino también personal.

Por último, como es obvio, las condiciones laborales determinan directamente las condiciones económicas de una familia, lo que a su vez repercutirá en unas actividades u otras radicalmente distintas para los menores. Pero no sólo tiene consecuencias económicas, sino también personales: se me viene a la cabeza el vídeo del niño que, el día que los padres van al cole a contar en qué consiste su trabajo, se avergüenza en clase porque su padre está en paro.

Así, por una parte, cabría que las organizaciones se preguntaran hasta dónde puede llegar la influencia de sus decisiones hacia sus empleados a la hora de tomarlas. Por otra, los individuos nos podemos preguntar también qué mensaje acerca del entorno laboral estamos enviando a los demás y cuál queremos enviar realmente. Lo ideal sería que los adultos fueran conscientes de que ejercen como mediadores entre el entorno y las personas que les importan y que son capaces de dirigir, azuzar o amainar ese viento provocado por el batir de alas de la mariposa. 

Eva Rodríguez Vindel

Psicóloga y mediadora

Asociación Efecto Familia

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