Miércoles, 25 Junio 2014 23:05

Me aburro, ¿a qué puedo jugar?

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Si nos paramos a pensar en nuestra infancia, podemos recordar horas, tardes enteras jugando al “pilla, pilla” al “escondite”, a las casas, a las construcciones…hasta que nos llamaran para cenar. 

Estas actividades nos dejaban disfrutar sin tener que preocuparnos por hacerlo bien, o conseguir un objetivo. Nos permitían participar y tomar el control de lo que estábamos haciendo, podíamos cambiar las reglas del juego si estábamos de acuerdo y nadie nos decía cómo jugar. ¿Recuerdas? Jugar es inseparable de la infancia, porque jugar es el trabajo de los niños/as.

El juego es la actividad de interacción básica en el ser humano, es el medio para conocer y explorar lo que le rodea, preguntar, imaginar, crear, romper…todos jugamos, incluso los adultos. ¿Qué tiene el juego que es fundamental en el desarrollo evolutivo? ¿Qué aprenden con el juego?

El juego libre, aquel en el los más pequeños deciden y dan rienda suelta  a su imaginación, favorecen el desarrollo de sus habilidades sociales, habilidades del lenguaje, habilidades cognitivas y emocionales. Es este tipo de juego aquel que nos da habilidades para la edad adulta como  resolver conflictos, imaginar alternativas y entender al otro.

Es importante encontrar huecos en la rutina familiar para que los niños jueguen. El entorno y la realidad actual nos llevan en muchas ocasiones a hiperestimular y sobreplanificar los horarios, quedando poco tiempo para que la caja de zapatos sea un refugio para los peluches o que las piezas de construcción sean comiditas de colores. Cuando juegan aprenden de sí mismos y del entorno, practican actividades físicas que les dan seguridad sobre su propio cuerpo.

Como padres y madres seguro que nos hemos preguntado alguna vez: ¿qué puedo hacer yo para que mi hijo/a juegue? ¿Qué papel tengo yo? Os dejamos algunas ideas a tener en cuenta:

Dejar tiempo libre para que los niños decida a qué quieren jugar:

  • Facilitar objetos y cosas que puedan usar en su juego: cajas, envases de comida vacíos, restos...
  • Unirnos a su juego, sentaros en el suelo con ellos, dejar que ellos ideen y planifiquen el juego.
  • Hablar con ellos sobre el juego, qué han hecho, qué les ha gustado.
  •  Facilitar espacios acordes a la edad dónde puedan jugar y moverse sin peligros.

Ahora podemos preguntarnos como adultos ¿a qué me gusta jugar? ¿Cómo enseño a mi hijo/ a jugar? ¿Qué actividad me deja decidir libremente y disfruto con ella? No debemos olvidar las palabras de Brian Sutton-Smith, psicólogo e investigador del juego en el desarrollo humano: “lo contrario del juego no es el trabajo, es la depresión”

María Martín

Psicóloga

Asociación Efecto Familia

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